Introducción.
El concepto de Bienestar Social ha capturado un interés creciente en las ciencias sociales y, particularmente, en la psicología social, reflejando una aspiración fundamental en la existencia humana. Lejos de ser una categoría simple, el bienestar social es un fenómeno sociopolítico y económico de primer orden, con múltiples acepciones y orientaciones.
Tradicionalmente, la idea de progreso y bienestar se ha equiparado con el crecimiento económico y la riqueza material. Sin embargo, en las últimas décadas, ha surgido un consenso en la investigación científica que subraya la insuficiencia de los indicadores puramente económicos para capturar la totalidad de la experiencia humana. La sociedad actual, marcada por transformaciones intensas, como la globalización, el envejecimiento en las poblaciones desarrolladas o los procesos migratorios, demanda un enfoque más holístico y multidimensional del bienestar, que integre no solo aspectos económicos, sino también psicosociales, emocionales, psicológicos e incluso de defensa o seguridad ciudadana.
En este artículo abordaremos trataremos de resumir la evolución del concepto de Bienestar Social y la utilidad que le damos desde la perspectiva de Masresiliencia.com.
Origen del «Bienestar Social».
En el anterior artículo “Bienestar, bienestar económico y resiliencia económica” ya se realizó una introducción al concepto de bienestar y su relación con el de felicidad y calidad de vida, el cual os invito a leer.
En el mundo anglosajón encontramos dos conceptos relacionados: «Social Welfare» y «Social Well-being«.
El primero, “Social Welfare” tiene sus raíces en las prácticas de ayuda a los pobres y la caridad que se remontan a siglos atrás, a menudo impulsadas por instituciones religiosas. Sin embargo, su conceptualización moderna comenzó a tomar forma a finales del siglo XIX y principios del XX. Pensadores como Karl Marx y Friedrich Engels criticaron las desigualdades generadas por el capitalismo. Otto von Bismarck en la década de 1880, estableció las primeras leyes de seguridad social, como pensiones de vejez y seguros de enfermedad. Esto marcó un cambio fundamental: de la caridad voluntaria a un sistema estructurado de responsabilidad estatal. Después de la Gran Depresión en Estados Unidos y las dos guerras mundiales se aceleró la expansión de los programas de «Social Welfare». El «New Deal» de Roosevelt en Estados unidos (1933-1938) y la creación del estado de bienestar en el Reino Unido con el ‘Plan Berveridge’ (el primer plan en 1942) solidificaron la idea de que el Estado tiene la responsabilidad de garantizar un nivel de vida mínimo para sus ciudadanos. En este contexto, «Social Welfare» se asoció principalmente con la provisión de servicios y ayudas económicas: pensiones y desempleo (protección social), sanidad y educación pública. A las cuales podemos añadir un cuarto pilar: la vivienda.
El segundo concepto de «Social Well-being» (Bienestar Social en un sentido más amplio) es de origen más reciente y refleja un cambio de un enfoque puramente material a uno más holístico. A diferencia de «Social Welfare», que se centra en los sistemas de provisión, «Social Well-being» se enfoca en la calidad de vida de las personas dentro de su comunidad y sociedad. Se nutre de la sociología y la psicología, y considera aspectos como la calidad de las relaciones interpersonales, la integración social, el sentido de pertenencia y la confianza en los demás.
El Bienestar Social y su relación con el Bienestar Psicológico.
Desde la perspectiva de la psicología social y la salud mental, el concepto de «Social Well-being» es particularmente relevante. La investigación ha demostrado de manera concluyente que la calidad de nuestras relaciones y nuestra integración social son pilares fundamentales para el bienestar psicológico. Los seres humanos somos una especie intrínsecamente social, y nuestro cerebro está programado para la conexión.
Para Keyes (1998) el bienestar social es «la valoración que hacemos de las circunstancias y el funcionamiento dentro de la sociedad» y estaría compuesta por cinco dimensiones: la aceptación social, la actualización social, la contribución social, la coherencia social y la integración social. Para su medición elaboró un instrumento conocido como «Escalas de Bienestar Social» (Social Well-Being Scales).
No ahondaremos en modelos y escalas que al lector de a pie poco o nada le importa, pero sí relacionaremos los conceptos de integración social, aceptación social y contribución social con la obra «Una Buena Vida: Lecciones del estudio científico más largo del mundo sobre la felicidad» de los psiquiatras e investigadores Robert Waldinger y Marc Schulz, publicado originalmente en inglés como «The Good Life: Lessons from the World’s Longest Scientific Study of Happiness”. Se trata de un estudio longitudinal (investigación que observa al mismo grupo de individuos durante un período prolongado de tiempo) que ha seguido la vida de los mismos individuos y sus familias durante más de 80 años. Waldinger y Schulz, directores actuales de dicho estudio, destilan décadas de datos para responder a una de las preguntas más anheladas por la humanidad: ¿Qué nos hace realmente felices y saludables a lo largo de la vida?
La conclusión principal del libro es a la vez sencilla y profunda: las buenas relaciones nos hacen más felices y saludables. Más que la riqueza, la fama, el éxito profesional o incluso la genética, la calidad de nuestras conexiones con otras personas es el predictor más robusto de nuestro bienestar físico y mental a largo plazo.
El aislamiento y la soledad, son factores de riesgo significativos para una mala salud mental, comparables en su impacto a factores como el tabaquismo o la obesidad.
Podemos establecer una relación con las aportaciones de Keyes:
- Integración Social: Es el sentimiento de pertenencia a una comunidad. El estudio de Harvard demuestra que las personas que se sienten conectadas con sus amigos, familia y grupos comunitarios no solo son más felices, sino que viven más. La soledad, por el contrario, es el claro antónimo de la integración y se revela como un factor de riesgo para la salud tan potente como el tabaquismo.
- Aceptación Social: Implica tener una actitud positiva hacia los demás y sentirse cómodo en la sociedad. Las relaciones de confianza y apoyo mutuo que el libro destaca como cruciales fomentan esta aceptación, creando un círculo virtuoso donde la confianza en los demás refuerza nuestro propio bienestar.
- Contribución Social: Es la sensación de que aportamos algo de valor a la sociedad. Las relaciones sanas a menudo nos animan y nos dan la confianza para sentir que nuestra vida tiene un impacto positivo en los demás, ya sea en la familia, en el trabajo o en la comunidad.
Aparte de estas relaciones, podemos señalar también:
- Apoyo Social como Amortiguador del Estrés: Las relaciones sociales sólidas actúan como un «amortiguador» contra los efectos negativos del estrés. Saber que contamos con personas que nos apoyan en momentos de adversidad (apoyo emocional, informativo o instrumental) reduce la respuesta fisiológica al estrés (como los niveles de cortisol) y disminuye el riesgo de desarrollar trastornos como la ansiedad y la depresión.
- Regulación Emocional y Perspectiva: Las interacciones sociales nos ayudan a regular nuestras emociones. Compartir experiencias positivas las amplifica, mientras que hablar de las negativas nos ayuda a procesarlas y a obtener nuevas perspectivas, reduciendo la rumiación y el sentimiento de estar abrumado.
- Promoción de Comportamientos Saludables: Nuestras redes sociales influyen en nuestros hábitos. Estar rodeado de personas que promueven un estilo de vida saludable (ejercicio, buena alimentación, evitación de conductas de riesgo) aumenta la probabilidad de que nosotros también adoptemos esos comportamientos, lo que a su vez impacta positivamente en nuestro estado de ánimo y salud mental.
Definición de «Bienestar Social».
Atendiendo a todo lo visto hasta ahora, parece razonable que la definición de este concepto debería incluir dos dimensiones: una social u objetiva (relacionada con el Estado de Bienestar y las Políticas Socioeconómicas) y otra individual, psicológica o subjetiva.
Por lo tanto, únicamente a efectos de esta página web y dentro del modelo de “Mas Resiliencia” propongo la siguiente definición de Bienestar Social: es el estado en el que las personas se ven integradas en la comunidad donde viven y se relacionan satisfactoriamente, pudiendo establecer vínculos positivos y, a la vez, tienen cubierta ciertas prestaciones básicas (salud, educación, empleo, vivienda…) mediante la aportación dineraria correspondiente. No obstante, nos centraremos más en la primer parte de la definición y, no tanto, en la parte que se corresponde con el Estado de Bienestar.
Resumen y conclusión.
Mientras que el «Social Welfare» proporciona la estructura y los recursos necesarios para que los individuos puedan participar en la sociedad, el «Social Well-being» se refiere a la calidad de esa participación y a la experiencia subjetiva de la vida en comunidad. Desde una perspectiva de la salud mental, no podemos subestimar la importancia de fomentar la conexión social. Las políticas públicas y las intervenciones clínicas son más efectivas cuando no solo se centran en el individuo aislado, sino que también buscan fortalecer sus lazos familiares, comunitarios y sociales. En esencia, la salud de la sociedad y la salud de la mente individual están inextricablemente unidas.
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